Domingo 24 de octubre de 2021
Hace 20 días que te fuiste físicamente.
Hoy fue un buen día, me rodié de las personas que más amo en este mundo. Las cosas todavía no cambiaron tanto desde que no estás acá. Quizás lo más significativo es que nos cortaron el gas a todo el edificio. Por lo demás, el mundo sigue girando casi igual. Los días empiezan a ser más largos y el sol pega más fuerte. Nina me sigue por toda la casa y a veces no entiendo lo que quiere.
Hablo mucho de vos, a veces me doy cuenta que te nombro más de lo habitual, que cuento cosas de tu cotidianeidad a personas que quiero, un poco para traerte de vuelta en esos recuerdos y un poco para compartirles una parte de vos.
Hoy pase por la puerta de tu cuarto y te vi acostada, no eran más que el acolchado y mí miopía dibujando tu silueta, sin embargo que alivio me dió.
Yo no creo en el cielo y en el otro mundo. Tampoco creo que vayas a leer esto nunca. Más bien creo que la vida sigue sin vos y eso duele, me duele más que nada.
Lloro y tengo claro que es un sentimiento que me va a acompañar toda mí vida. Creo que es imposible dejar de extrañar a la persona que no solo me dió la vida, sino que también luchó por mi, se esforzó en conocerme, me amó, me apoyó en todos los sentidos de mí vida, aún en aquellos dónde no coincidiamos y por sobre todo me cuidó. Y eso mamá, eso nunca va a dejar de doler.
Perdón por todos mis errores típicos de hija única. Sé que los habrás sabido entender, sin embargo a veces no me dejan de hacer sentir culpable.
Te amo, para siempre